Nos necesitamos unas a otras (blog de tenemos tetas)

Interesante  reflexión desde el blog de tenemos tetas, muy recomendable, os adelantamos algo…

Nos necesitamos unas a otras

 
Por Ileana Medina Hernández

He estado releyendo la historia de lactancia prolongada que publiqué en el post anterior, y luego he descubierto la que sobre los inicios de su lactancia cuenta Cristina Pemán, en su blog Madres Rebeldes.
Mientras más conozco historias de este tipo, más me pregunto cómo es que, finalmente, muchas madres logramos amamantar en un entorno cómo este. No me curo de espanto, no dejo de asombrarme. No deja de ser un milagro que existan lactancias, largas o cortas, dadas las circunstancias.
Basta con leer la historia de Cristina, para saber por qué triunfa la industria del sucedáneo.  No es culpa de las madres, claro está. Si la realidad fuera la que describe Irene en su post, no necesitaríamos ser heroínas ni sabias ni sacrificadas, solamente necesitaríamos dejarnos llevar por la naturaleza y el instinto.
Cristina da un consejo aragonés: No reblar, no retroceder, no cejar en el empeño. Pero es que no cejar ante tamaños obstáculos, a veces puede ser sencillamente imposible.
Te encuentras con la cesárea, con la separación en el hospital, con las pezoneras, con los sacaleches, con los comentarios de todo tipo… No cejas. Sigues insistiendo. Pasa una semana, aparecen las grietas, las mastitis (¡el único especialista español en mastitis es un veterinario!)… Pasan dos semanas, vas al pediatra y te dice que tu hijo no ha subido de peso, y que hay que dar un «refuerzo». Logras hacer oídos sordos a la recomendación del pediatra y a la de todo quisqui que te dice que no sigas… Pero tú, no reblas. Pasa el primer mes, y al fin, sientes que tu pecho ya no te duele. Estás agotada, no duermes ni dos horas seguidas, tu marido ha vuelto a trabajar y te pasas todo el día en casa sola con el niño, sin peinarte y sin vestirte, sin poder soltar al niño porque llora, sin poder ni hacerte de comer, con vecinas que te «aconsejan» que lo dejes llorar pero que no te acercan un plato de sopa… Pasan dos meses, y al fin, tu oferta de leche se regula a la demanda del niño, y ya no chorreas leche por doquier, ni necesitas discos de algodón. Empìezas a respirar.
 ….
 
 
 
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