Otra crianza y otro mundo es posible. Acusaciones y soluciones.

Buenas tardes:

A nuestro correo ha llegado un artículo un pelín largo pero merece la pena llegar al final, al leerlo he dado gracias a mi decisión de dejar de trabajar para cuidar a mi hija, de continuar con la lactancia materna, de dormir con ella, o ella conmigo…En fin de hacer lo que hace unos años jamás hubiese pensado que haría, porque yo quería ser madre, si…pero una madre del siglo XXI, moderna, trabajadora, independiente…Ahora sólo quiero estar con mi hija, criarla y ser feliz con ella.

Otra crianza y otro mundo es posible. Acusaciones y soluciones.En un mundo como el nuestro, que desprestigia la maternidad y la crianza, parece que el cuidado de los bebés y niños es un hecho anecdótico y aislado en la historia de la persona, que no tiene influencia más allá de la infancia, y por supuesto ninguna relación con la sociedad.Vivimos como si funcionase así porque actualmente predomina una crianza mecanizada: de biberón en vez de lactancia, de chupete en vez de consuelo, brazos o teta, de guarderías en vez de madre, de cunas alejadas de la habitación de los padres, de muñecos que imitan el latido cardiaco, de hamacas y columpios varios, de cámaras para vigilar al bebé en la distancia, de CDs de nanas o susurros, etc.

Sin embargo, la crianza sí influye en la edad adulta y por tanto en toda la vida de la persona, y sí de­termina cómo es la sociedad. Y sus consecuencias son de tal enverga­dura y profundidad que llegan a explicar el grado de violencia que vive cada cultura.

A pesar de otro tipo de factores como los genéticos, económicos, etc. la variable que mejor define el nivel de equilibrio emocional de una sociedad es el tipo de cui­dado que dispensa a sus niños y a las personas de quienes dependen: su familia. Y nos encontramos en­tonces con 2 grandes grupos de modelos de crianza y de vida: vio­lentos o pacíficos.

La diferencia entre ellos radica en el tipo de parto, la separación tem­prana madre-bebé, la existencia de lactancia prolongada o no, el res­peto a las necesidades de los niños de día y de noche, el contacto piel con piel que se establece, el núme­ro de adultos-cuidadores por niño, la rapidez de respuesta ante el llan­to… y en definitiva, en si existe una crianza de apego o desapego.

Los pueblos poco afectivos con sus crías y con poco contacto piel con piel presenta altos niveles de vio­lencia en la edad adulta. Sin em­bargo la agresividad es casi nula entre los pueblos que mantienen un contacto muy estrecho y conti­nuo con sus hijos.

Los antropólogos han constatado este hecho innumerables veces, pero, por si quedaba alguna duda, la moderna psiconeuroendocri­nología también lo ha confirmado y justificado: a menor contacto con un bebé, menos protegido y más temeroso se siente y más adrenalina segrega su cerebro. En cambio, a más afecto, contacto y amor, más se activan los circuitos cerebrales de la serotonina.

Teniendo en cuenta la plasticidad cerebral de los primeros años de vida, y cómo las experiencias mo­delan la arquitectura neuronal y la personalidad del adulto, el predo­minio de una u otra hormona crea individuos distintos. El contacto fí­sico y emocional constante con la madre (la primera fuente de amor) es lo que asienta los sistemas ce­rebrales del placer y crea personas seguras, confiadas y amorosas. Cuando el niño no recibe el afecto que necesita se crea una cultura basada en el egocentrismo, la vio­lencia y el autoritarismo.

Cada autor lo ha nombrado de forma diferente: desamparo aprendido, indefensión, aprendi­zaje de la impotencia, desespe­ranza, sumisión… pero en el fondo todo es lo mismo: sufrimiento y resignación, que determinan una actitud fría hacia el mundo y hacia los demás y que sólo en determi­nadas circunstancias pueden ser revertidos.

Podríamos creer que todas estas teorías de las hormonas y el ape­go sólo funcionan con tribus re­motas y no en una sociedad con mp3, cirugía estética, hipoteca y rayo láser. Pero no es así.

Esa adrenalina y agresividad nos define también a nosotros y expli­ca el grado de devastación al que hemos sometido a la Naturaleza, el injusto orden internacional, las cifras de miseria y hambre, y la violencia entre los países y en el seno de las propias familias.

¿Cómo hemos llegado a esto? Aunque las explicaciones son múl­tiples, la más potente y brillante (para el sistema) ha sido perturbar la relación madre-hijo que la natu­raleza ha previsto para velar por el desarrollo físico, emocional, inte­lectual y social de una persona.

Atacando el apego desde la raíz se consiguen ciudadanos vulne­rables, siempre necesitados y an­helantes de algo más, desorienta­dos, sumisos y dependientes de una sociedad consumista y devo­radora.

Pero para lograr una ruptura tan radical se necesita un engranaje de diferentes actores que consigan ce­gar totalmente el juicio y el instinto de las madres. Lo consiguieron. Y estas son mis 15 acusaciones:

1. Acuso a la industria farmacéuti­ca de haber convertido todos los procesos naturales de la mujer en enfermedades tremendamente rentables: menstruación, anticon­cepción, embarazo, parto, lactan­cia, crianza y menopausia.

2. Acuso a la píldora anticonceptiva (y todos los productos hormonales en general en mujeres sanas) de haber alterado totalmente nuestro delicado equilibrio endocrino y de robarnos los mensajes intuitivos que llegan del inconsciente con las diferentes fases del ciclo menstrual femenino, por la relación entre ovarios, determinadas hormonas y actividades de hemisferios cere­brales. Este es uno de los proble­mas de base sorprendentemente ocultado. Las mujeres no se des­conectan en el parto de sí mismas por primera vez, sino que llevan años desvinculadas de la sabiduría femenina ancestral y más unidas a un laboratorio que a su propio cuerpo.

3. Acuso al negocio de la fecun­dación artificial de aprovecharse de las mujeres desesperadas por concebir y someterlas a dolorosos, caros y largos procesos, en vez de analizar las causas verdaderas (y subsanables) del fracaso en los embarazos, y que nos obligarían a replantearnos el ritmo y el estilo de vida que llevamos a todos los niveles.

4. Acuso a la industria de la ali­mentación de su macabra y eficaz estrategia para convencer a medio siglo de mujeres y conseguir que la leche de un animal (cuyo cerebro es mucho menor que el humano) tratada químicamente, suminis­trada en plástico, y por manos frías muchas veces, haya suplido al calor, amor y el milagro de una teta blandita. Este triunfo econó­mico ha significado una condena a muerte a millones de niños en países poco desarrollados, y alto riesgo de enfermedades, menos nivel cognitivo y desapego en los países ricos. Ausencia de lactancia significa ausencia de oxitocina y menos enamoramiento madre-hijo, y a partir de aquí una larga cadena de conductas artificiales.

5. Acuso al sistema obstétrico de haber convertido la normalidad del parto en patología, de haber­lo medicalizado hasta el delirio de 50% de cesáreas en algunos países, de no haber respetado la extrema fragilidad del recién nacido y de ha­ber convertido el sagrado acto del nacimiento en una mera extracción y manipulación de bebés.

6. Acuso a los pediatras de haber confundido sus creencias y prejui­cios con la verdadera ciencia, de haber frustrado millones de poten­ciales lactancias exitosas con falsas normas, de haber convertido en enfermedad una pauta de sueño mamífera y de anteponer sus cri­terios a las recomendaciones de la OMS.

7. Acuso a los neurólogos y psi­quiatras de sobre-diagnosticar la hiperactividad, y de drogar y anular a una generación de niños (a pesar de los constatados y denunciados efectos secundarios) con Ritaline/Rubifren: la cocaína pediátrica.

8. Acuso a los psicólogos de me­drar a costa de todos los errores del sistema en crianza, de no hacer honor a su nombre (psiqué=alma), de crear teorías que han justificado la continua domesticación de los niños anulando el leve instinto ma­terno que quedaba (sobreprotec­ción, falta de límites, permisividad por consentir demasiado, malcriar, etc.), y de haber inventado una fal­sa socialización temprana que no existe hasta mucho más tarde ( 6-7 años cuando queda establecida la lateralidad cerebral).

9. Acuso a los falsos gurús de crianza: Spock/ Ferber/ Valman/ Estivill y secuaces conductistas de hacer apología de métodos de so­cio-tortura y vender insensibilidad, crueldad y falta de respeto hacia los niños. Si hubiese un Tribunal de la Haya Emocional, todos estos per­sonajes habrían sido condenados por sufrimiento a la Humanidad.

10. Acuso a las feministas clásicas de haber mutilado a las mujeres humillando nuestra feminidad y maternidad, y de haber vendido a nuestros hijos por una falsa li­beración que simplemente fue un cambio de lugar de opresión, y que perpetuó y potenció el sis­tema y los valores dominantes: masculinidad, competencia, de­predación, jerarquía. Nunca hubo ninguna revolución social, sino un continuismo con otra cara. Sí es compatible el trabajo y la crianza, pero para eso hay que transformar el sistema y no abducirnos a noso­tras y abandonar a las criaturas.

11. Acuso a las revistas femeninas de fomentar modelos de muje­res descerebradas, consumistas, siliconadas, hipersexuales que cuando tienen hijos se convierten en madres virtuales que atienden por control remoto a sus criaturas a golpe de Visa y continúan con su estresante vida sin inmutarse ni un tacón.

12. Acuso al sistema educativo de precocidad, de tener planes obso­letos que no responden a las ver­daderas necesidades de aprendi­zaje a través del juego y la libertad de expresión, de fomentar la su­misión y obediencia e impedir los procesos de pensamiento inde­pendiente y creativos que permi­ten encontrar el propio camino en la vida.

13. Acuso a toda la sociedad de ser adultocentrista y haber ex­cluido a los bebés y niños de la vida diaria, de infravalorar la ma­ternidad y crianza considerándo­las una pérdida del talento de la mujer pero sí valorar a ésta como productora dentro del sistema económico (ni como reproducto­ra ni como cuidadora).

14. Acuso al estado de Bienes­tar de haber secuestrado la vida de los bebés encerrándolos en guarderías tempranas que se convierten así en una especie de “orfanatos de día” bien deco­rados, mientras obliga a sus dos padres a trabajar lejos de casa para subsistir en un modelo de vida asfixiante, de haber pasa­do del concepto de “se necesita una aldea para criar un niño” a la soledad y el desamparo de 8 be­bés por cuidadora, de tener unas políticas de conciliación familiar-laboral miserables, de ausencia de ayudas familiares decentes y evidentemente de haber creado una sociedad del malestar en la que según la OMS en el 2020 la depresión será la segunda enfer­medad.

15. Y por supuesto, acuso a las mujeres de no escuchar su cora­zón ni su instinto, de haber sa­crificado a sus hijos para que el sistema los devore (porque ellas ya lo estaban), de acceder a la ma­ternidad y parto con muy poca información y por tanto con una actitud de niñas dóciles que dele­gan su papel en los demás, de no luchar o exiliarse de este injusto modelo económico ni siquiera dentro del hogar, sino de dirigir la rabia y frustración (consciente o no) contra sus hijos, insensibili­zándose ante su llanto y llamadas nocturnas, de obsesionarse por el adiestramiento y las normas, que en el fondo las ayudan a ellas a tener una estructura y orden y a desculpabilizarse de su abandono real, y de centrar todas sus fuerzas en aspectos externos al hogar.

Estos 15 agentes han hecho que llevemos varias décadas con una crianza impregnada del espíritu light de Herodes: subestimar la importancia de satisfacer plena­mente los instintos y necesida­des de la infancia, y han creado una sociedad DES-MADRADA, no amorosa, no segura de sí misma, no empática con los demás, que es la causa del estado actual de la Tierra.

Afortunadamente esta situación nunca ha sido 100% generalizada y siempre ha habido pediatras, neurólogos, ginecólogos, coma­dronas, psicólogos, revistas, cole­gios y madres y padres disidentes de la crianza oficial, que han sufrido muchas burlas, incomprensiones y zancadillas sociales, pero que han mantenido la luz encendida para todos los que venían detrás con los ojos abiertos.

Ese modelo de desapego nos ha obligado a estudiar e informarnos en profundidad (a veces más que muchos profesionales), nos han obligado a citar continuamente a la OMS, a husmear en los estudios antropológicos, a entender el efec­to del cortisol y la alteración de la amígdala, a comparar diferentes culturas, a conocer las ayudas de maternidad del norte de Europa, etc. Pero nos han hecho fuertes.

Y por ello, ha llegado la hora de de­jar de justificar la crianza mamífera como preferencia caprichosa per­sonal, y de trasmitir que es la úni­ca salida posible para el planeta. Y podemos gritar con orgullo que las evidencias científicas, el instinto, la historia del mundo, el corazón y la Ética están de nuestro lado.

Estamos en un NUEVO PARADIGMA que es el de la maternidad cons­ciente, vocacional y amorosa en total consonancia con otras trans­formaciones sociales: alimentación más sana, respeto y preocupación por el medio ambiente, auge de las medicinas naturales y alternativas, energías verdes, nuevas formas de espiritualidad, etc.

La pregunta ahora no es qué tipo de crianza eliges, sino en qué tipo de mundo quieres vivir: en el ac­tual de niños y padres separados, dominio de la adrenalina y la frus­tración, o en un mundo de oxito­cina, amor, fusiones emocionales y bienestar.

La Política tendrá que hacer sus deberes y subir el PIB de ayudas a familias del 1’1% actual (en Es­paña) a más del 2% que es el ni­vel europeo, aumentar la baja de maternidad, fomentar la creación de espacios familiares, grupos de maternidad y ayuda mutua en el cuidado para compensar el aisla­miento y soledad de tantas fami­lias en nuestra sociedad, etc.

Pero las que verdaderamente de­bemos cambiar el estado de cosas y la mentalidad social somos noso­tras: las propias mujeres.

La mujer que gesta y trae al mundo un hijo también gesta de alguna manera la sociedad. En su emba­razo, parto, lactancia prolongada y apego con su hijo se gesta la salud física, emocional del niño, su ca­pacidad de amar, de relacionarse con el mundo, su respeto a la vida, su alegría de vivir y su dignidad. Esto es sencillamente: PODER, y, para evitar que lo tengamos, han hecho todo lo posible por des­apegarnos de nuestros hijos, ya que los humanos criados de esta manera son sabios y no comul­gan con un modelo de sociedad basado en tantas mentiras e in­justicias.

La lactancia es el acto más sub­versivo contra la sociedad actual: es gratuita, crea hijos sanos y fe­lices, colmándoles el estomago, el corazón, los chakras y el alma. En la lactancia hay una parte que todavía no nos han explicado y es la LACTANCIA CUÁNTICA, la unión entre el bebé y el Universo a través de la madre. La lactan­cia es la alquimia de la vida y es la transmisora del conocimiento ancestral de millones de mujeres a través de una cadena energéti­ca de amor. Por ello, hay que de­fenderla, normalizarla y apoyar su uso como medida prioritaria.

Ahora parece que somos pocos, como una insignificante ola en medio del océano, pero seremos millones, y esa ola se convertirá en un tsunami que cuando llegue a la costa arrasará el sistema. Los nuevos tiempos nos acompañan.

Otro mundo es imprescindible y está al alcance de la mano con tan sólo tres requisitos: oxitocina, apego y conciencia.

UN abrazo

Miguel

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)
Comparte esta entrada
Share on Facebook
Facebook
Pin on Pinterest
Pinterest
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email

4 comentarios en «Otra crianza y otro mundo es posible. Acusaciones y soluciones.»

  1. Dios mío, que me perdonen aquellas personas que han recibido esta nueva entrada en su correo. Ya lo he corregido, es por esa falta de ortografía…»ha llegado» SIN HACHE…pido perdón…

  2. Dios mío, tengo la piel de gallina, el vello de punta y los ojos encharcados, como se pueden decir tantas verdades en tan poco texto…

    Quiero agradeceros la publicación de este post tan inmenso, gracias.

    Me gustaría saber quien lo firma, veo que pone simplemente «Miguel», para darle las gracias efusivamente.

    Sin mas, se despide un padre que busca otro mundo para mis queridos hijos.

    Javier Molina.

  3. Una de las cosas que más me gusta de ir a las reuniones es poder expresar todos estos sentimientos y sentir que son respetados sin ser cuestionados.

    En otros foros, cualquiera de esos 15 puntos los tratarían de algo normal sin indagar como en este post

    Me alegro de saber que hay personas que dedican tiempo a la reflexión y que lo comparten con nostr@s.

    Gracias!!!

  4. Hola

    Simplemente comentar que este artículo fue escrito en el 2008 para la revista online CRIAR y la autora es María del Mar Jiménez, socióloga holística, madre de Samel, ex-ejecutiva, ex-urbanita, desertora de muchos aspectos de nuestra sociedad, bloguera de http://www.elblogalternativo.com y http://www.lacocinaalternativa.com y co-autora del libro «Una Nueva Maternidad».

    Gracias por corregirlo y saludos afectuosos

    MMar

    http://www.elblogalternativo.com/2008/11/22/otra-crianza-y-otro-mundo-es-posible-mis-15-acusaciones/

    http://www.elblogalternativo.com/2008/11/17/revista-digital-criar/

Deja un comentario